Las escuelas matan la creatividad

Así titulaba Ken Robinson una famosa charla en TED de 2006 en la que exponía con diferentes argumentos que las escuelas estaban ancladas en el sistema productivista del Siglo XIX, y abogaba por una reforma del sistema educativo.

Yo no suelo dar mis opiniones, porque cada uno tiene las suyas propias basadas en experiencias personales, en su educación, o directamente en un interés personal. Cada uno tiene sus convicciones y no es cuestión de buscar disensión, pero en esta ocasión creo que compartir mi punto de vista puede servir un poco de apoyo a los que han pasado por el colegio, o aún están atrapados en él, y tienen que lidiar con la frustración; algo que suele ser muy habitual en la gente que desde joven tiene inquietudes creativas y está forzada a renunciar a ellas, porque las escuelas imponen obediencia a la norma y sumisión absoluta al líder del aula: el profesor. Aunque realmente es solo el ejecutor de un sistema educativo diseñado para servir explusivamente los intereses del Estado, no del individuo. A este respecto Pierre Bordieu, en lo que él se refiere a “Espíritu de Estado“, escribe lo siguiente:

“La escuela es la escuela del Estado, donde se hace de los jóvenes criaturas del Estado, es decir, ni más ni menos que agentes del Estado. Cuando entraba en la escuela, entraba en el Estado, y como el Estado destruye a los seres, entraba en el establecimiento de destrucción de seres. […] El Estado me ha hecho entrar en él por la fuerza, como por otra parte a todos los demás, y me ha vuelto dócil a él, el Estado, y ha hecho de mí un hombre estatizado, un hombre reglamentado y registrado y dirigido y diplomado, y pervertido y deprimido, como todos los demás. Cuando vemos a los hombres, no vemos más que hombres estatizados, servidores del Estado, quienes, durante toda su vida sirven al Estado y, por lo tanto, durante toda su vida sirven a la contra–natura”

La educación obligatoria, consistente en recluir, vigilar, evaluar, adoctrinar y castigar a los niños, me parece algo perverso. Crecemos asumiendo que este mecanismo de adiestramiento tiene que ver con la “educación”.

Hay gente más dócil, o quizá más fácil de complacer con una buena nota, que es algo que no tiene ningún valor ni sentido práctico, pero que funciona a modo de premio por la obediencia. Es menos que el pescado que dan al delfín después de hacer una pirueta cuando su cuidador se lo ordena; una puntuación en un papel ni siquiera se come. El ser humano no ha nacido para satisfacer a un adiestrador (ni tampoco el animal), para mantenerse quieto y callado, para obedecer órdenes, para hacer los ejercicios que le imponen y exactamente del modo en que el instructor pauta.

Si os dais cuenta el referente del buen alumno es siempre el que está callado y cumple de manera obediente con lo que se le exige, renunciando a todo impulso o deseo personal de jugar, de crear, descubrir o experimentar. Esto de por sí me parece una crueldad, pero especialmente sangrante para los chicos que tienen una expectativa de vida más amplia y no se resignan a subordinarse a cambio de algo tan ridículo como una calificación en un papel. Los que se mantienen conscientes, creativos o libres en cualquier forma, es a quienes más esfuerzo se pone en doblegar mediante castigos (no digamos ya si además son contestatarios), malas notas, humillaciones…y por supuesto la presión que ejerce el sistema educativo a través del profesorado, el resto del alumnado y en muchos casos también la familia.

Desde la infancia se coacciona a los niños diciéndoles que no van a llegar a nada en la vida si no son obedientes, mecánicos y serviles, si no se reprimen y sacrifican por ir cumpliendo unas determinadas fases que te impone el sistema educativo para alcanzar el día de mañana un “exito” laboral, que ni siquiera tienen garantizado (y que en cualquier caso no vale el precio de la renuncia a la individualidad, la creatividad y la libertad). Es también dramático que los propios profesores que abusan de unas criaturas indefensas y dúctiles, vivan también en la ficción perversa de que realmente hacen el bien.

Por suerte en mi caso fueron casi siempre lo suficientemente torpes (u honestos) como para evidenciar su verdadera función, así que pude mantener la consciencia de que la pantomima escolar no tenía nada que ver con el desarrollo humano a través de ninguna experiencia de vida válida que puediera adquirir en el aula.

Salí de la educación obligatoria conservando aún algo de inquietud y curiosidad, y a partir de ahí empecé a educarme de verdad, buscando mis propias experiencias formativas, hablando y conviviendo con gente de toda clase y condición, desarrollando valores que entiendo más elevados que los que inculcan en las escuelas (subordinación, competitividad, etc.), y en definitiva experimentando libremente la existencia sin pautas. Ello me ha llevado a vivir situaciones increíbles e impensables por muchos lugares del mundo, y haciendo siempre lo que he querido. Lo cuál ha sido necesariamente mediante el desarrollo personal, generalmente a través de talentos creativos, que durante mi etapa escolar estaban prácticamente restringidos (sobra decir la consideración que tienen las escuelas de las asignaturas artísticas).

Me pregunto qué hubiera sido de mí si alguno de aquellos profesores hubiera sabido disimular mejor su cometido y a través de los refuerzos necesarios me hubieran hecho creer que de verdad era educación lo que a todas luces es adoctrinamiento con fines utilitarios para preparar a individuos para la vida adulta en una sociedad productivista.

No entro en si hay que dejar o no los estudios, cada uno debe decidir por sí mismo lo que más le interese, tomárselo como quiera y ser consecuente con su elección. Yo mismo después de la educación obligatoria pude elegir hacer el bachillerato que quise, la carrera y el máster. Títulos que por otro lado nunca me han servido para nada, dicho sea de paso; todas mis experiencias personales y profesionales significativas, y prácticamente la totalidad de mi aprendizaje, han sido el resultado de un trabajo y una motivación personal. No han salido de ningún aula.

Aunque no soy partidario de señalar ningún camino porque cada uno tiene que ser libre de elegir cómo llevar su vida, sí que aconsejaría desconfiar de las promesas de éxito, de valores impuestos y de pautas de comportamiento y pensamiento. A pesar de toda la manipulación del periodo educativo, que es muy largo y que estamos obligados a pasar con una disciplina forzosa, os recomendaría no delegar nunca vuestra experiencia de vida, vuestros talentos y vuestro futuro en esa ficción que implique la renuncia de cualquiera que sea tu verdadera realización personal. Ese mal sucedaneo de la educación no tiene nada que ver con el verdadero aprendizaje. Si hay que dar la patita para evitar las represalias del adiestrador, dadla (él es quien tiene la fusta) pero con la consciencia de que no es lo natural, lo bueno, ni lo útil a menos que vayas destinado a ser un mono de feria bien amaestrado. Así que no os conforméis con pasar por el aro a cambio de unos cacahuetes, e intentad educaros vosotros mismos cuando en cuanto podáis salir de esa carpa. Y este es el mejor consejo que se me ocurre daros. La realidad es muchísimo más amplia, diversa, interesante y mágica de lo que muestra ningún plan educativo. Y si luego de forma voluntaria encuentras algo, en el ámbito académico o no, que te aporta cualquier cosa que quieras incorporar a tu vida, pues adelante. No soy de los que dicen categóricamente: “¡sigue esta senda, que ese es el camino al éxito!” (el dinero, la esatbilidad, lo que sea) o “abandónalo todo por perseguir tus sueños”, eso tan de influencer, que queda muy bien pero que es tan vago e inconcreto que no sé si suele llegar a algún puerto. Sobre todo cuando ya se parte de ese “Espíritu de Estado” del que hablabábamos y se tiene una visión de lo importante tan distorsionada que el sueño puede ser algo tan vacío como llegar a ser famoso.

En relación al arte, si os gusta cualquier disciplina, da igual: la pintura, la escultura, la ilustración, la música, el video o cualquier otra cosa, por supuesto intentad aprender de otra gente que os pueda enseñar algo, abrir nuevas perspectivas, buscad vuestros propios referentes, experimentad con diferentes estilos y métodos de trabajo, y buscad las experiencias que den sentido a vuestra actividad. : por ejemplo si os gusta el comic podéis publicar vuestros propios fanzines, o webcomics (ahora en internet es muy facil), relacionaos con guionistas, ilustradores, entintadores, coloristas… Si os gusta la pintura, buscad espacios para hacer exposiciones, visitad museos y galerías, echad proyectos a residencias artísticas… o buscad vías alternativas e independientes que os satisfagan. En fin, cada uno sabrá qué es lo que más le interesa y de qué manera puede aprender y vivir experiencias más interesantes y enriquecedoras. Evidentemente dentro y fuera del arte. En mi opinión el arte, si no está sustentado por una experiencia y una comprensión particular de la realidad, es solo artesanía. Simplemente técnica. Bueno, tal como yo lo entiendo al menos.

Esta es mi experiencia y mi opinión. En relación a la formación reglada, os recomiendo escuchar a un tipo absolutamente brillante, que además conoce bien el sistema educativo desde dentro porque ha ejercido durante casi 20 años como profesor: Pedro García Olivo.

Pero no solo intelectuales, artistas o filósofos afines al anarquismo denuncian la perversión del sistema educativo. Para aquellos que piensan que la disensión es una postura propia de gente que vive en los márgenes por su incapacidad para adaptarse al sistema, un personaje tan poco sospechoso de “antisistema” como un militar de la fama del coronel Pedro Baños, afirma que la educación que recibe el pueblo está orientada exclusivamente al servilismo y no al desarrollo intelectual.

Y relacionado con el ámbito creativo, esta es la conferencia de Sir Ken Robinson (tampoco sospechoso de antisistema) con la que abría esta entrada: “Las escuelas matan la creatividad

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